En los posters se lucen Nippur de Lagash, Dennis Martin, Jackaroe, Mi novia y yo, Pepe Sánchez, Aquí La Legión, El Cosaco, Mark, Or-Grund, Savarese, Gilgamesh, Mojado, Dago... Posters que no pierden vigencia, por más años que pasen, porque los protagonistas prendieron en el imaginario popular con la potencia propia de los clásicos. Y detrás de esos personajes -más de 50- se recorta la extraordinaria figura de Robin Wood, el creador y guionista cuya vida rivaliza con cualquier producto de la imaginación. La historia de Wood es sencillamente increíble.
A Diego Accorsi juntar las piezas del rompecabezas Wood le llevó 20 años. Fue pegando los fragmentos de a poco hasta encontrar en Julio Neveleff y Leandro Paolini Somers los compañeros de ruta ideales. Juntos firman la biografía autorizada de Robin Wood, libro que se recorre y se disfruta como si se tratara de un viejo álbum de Columba, aquella empresa devenida en imperio editorial gracias, en gran medida, al talento de Wood.
Las historietas de Wood eran las estrellas de Fantasía, D’Artagnan, Intervalo y El Tony, revistas que en la época dorada de Columba llegaban a vender más de dos millones de ejemplares por mes. Wood enviaba los guiones desde los rincones más insólitos: el desierto del Sahara, un barco amarrado en las afueras de Hong Kong, Nueva Zelanda o Escandinavia.
Mezcla de ancestros irlandeses y escoceses, Wood es único desde su origen en plena selva paraguaya y desde su nombre, al que -erróneamente- casi todos consideran un apodo. Pero sobre todo por su devenir, entre la pobreza extrema y su pasado obrero hasta la cima del Everest del comic. Autodidacta, lector empedernido, viajero incansable, amante de toda clase de mujeres y protagonista de toda clase de anécdotas, todo lo que se escriba sobre Wood sonará a poco. Y así lo explica Accorsi, a quien el olfato periodístico le develó desde el primer momento que esta era la historia que merecía ser contada.
- ¿Cómo nacen este enganche con Wood y la idea del libro?
- Entré a trabajar en Columba en el año 2000. Un síndico se hizo cargo de la quiebra de la empresa y pensó: “no reventemos todo, intentemos que Columba nos dé plata”. Así que publicó un aviso en un diario buscando un jefe de redacción para un producto de historietas, aunque no especificaba de qué se trataba. Cuando ingresé acordamos lanzar una colección de comic books que duró pocos números. Se trataba de reimprimir comics de los personajes clásicos, así que nos contactamos con Robin Wood y él dio el OK, sólo puso como condición que se le diera trabajo a Johnny Gutiérrez, que era su amigo desde la adolescencia.
- ¿Así te encontrás con Wood?
- Johnny me cuenta que Robin venía a Buenos Aires. Me senté con él y fue una charla buenísima, que se convirtió en un reportaje publicado en los primeros números de esos tomos que estábamos sacando. Robin estaba suelto, divertido, y ahí indago en la historia del hombre, más que en el prócer, y me doy cuenta de que él era más interesante que todas sus historietas. En ese momento me dije “tengo que escribir la biografía de Robin”.
- ¿Cómo seguiste?
- Nos hicimos amigos con Robin, después le manejaba la página web, tuve buena onda con él, y siempre con la idea del libro. Allá por 2010 Leandro Paolini me insiste con el tema y me ofrece ayuda, así que nos juntamos y en base al reportaje inicial armamos una línea de tiempo de este tipo fascinante, que viaja por todo el mundo después de una niñez de abandono, una adolescencia de pobreza tremenda -hasta llegó a vivir en la calle-; y cómo llega a convertirse en lo que es. Por supuesto que la historia estaba llena de agujeros así que me volqué como loco a la web para buscar todas las entrevistas a Robin, en todos los medios que pude encontrar.
- No debe haber sido una tarea fácil, con semejante cantidad de cosas que hizo.
- Cuando él vuelve a Buenos Aires en 2013, a una Feria del Libro, aproveché para hacerle preguntas y llenar esos agujeros. Pero me seguían faltando cosas. Justo me entero de que Robin pasaba varios días en Mar del Plata, invitado por Julio Neveleff, que está muy metido en la cultura marplatense. Julio me cuenta que unos amigos suyos le habían pedido que escribiera la biografía de Robin, y le digo: “estoy en lo mismo, hagámosla juntos”. Ahí Julio me mandó desgrabadas horas de charlas con Robin y algunas cosas me sirvieron para completar lo que me faltaba, otras para tener opiniones de Robin sobre una gama variadísima de temas: sus personajes, sus mujeres, sus viajes, Columba, otros artistas, el cine, la literatura… Un montón de cosas que están en la segunda parte del libro.
- ¿Cómo interactuaron con Robin cuando el libro ya estaba bien en marcha?
- Una vez que todo estuvo armado se lo mandamos a Robin, queríamos su aprobación. Él sacó muy poquitas cosas y agregó mucho. Escribió sobre sus amigos, sobre cosas de viajes que no sabíamos. Nos mandó una devolución con agregados interesantes. Ahí teníamos la biografía completa autorizada. El último chequeo lo hice justamente con Johnny, con el que charlamos y me contó un montón de cosas. Johnny me bajó el mito Robin Wood a tierra y pude chequear la verosimilitud de todo.
- Es impresionante el hecho de que Robin se educó casi solo.
- La historia del niño pobre que gracias a la cultura triunfa sólo pudo haber pasado en el siglo XX, no existe más pensar en un tipo que sólo porque leyó mucho y escribe mucho le va a ir bien y se va a hacer famoso. Es muy loco. La vida de Robin es sorprendente.
- ¿Dónde ubicás a Wood en el mapa de la historieta nacional?
- Durante años Robin dijo “soy la oveja negra de la historieta argentina, a mí todos me odian”. Era porque todos acusaban a Columba de garca y no era que él la defendía, pero es que no le habían hecho nada, al contrario, era la estrella de la editorial. Cuando quiso comprarse una casa en España, Columba se la pagó y le fue descontando esa plata de los guiones que él entregaba. Él no se siente de ninguna patria, de ningún partido político, de ninguna ideología. Claro que es cuestionable, sobre todo en un momento de lucha. Él admiraba a Oesterheld, al viejo Breccia, al tano Pratt, pero todos sabían de esta posición individualista de Robin y le cortaban el rostro.
- ¿Cuál crees que es su principal aporte?
- Robin es el escritor más prolífico, nadie escribió tantas historietas como él. Desde fines de los 60 hasta hace cuatro años, cuando dejó de escribir, hizo toneladas de guiones. ¿Podemos discutir la calidad? Si. ¿Es el mejor de todos? Quizás no, pero el más prolífico seguro. Pero además Robin le cambió la cara a la historieta argentina en los 70. Robin reinventó la aventura, pensá en Nippur, en Mark, en Savarese, en Dax, Pepe Sánchez, Mi novia y yo… Estuvo en todos los géneros, se sentaba a escribir y sacaba 10 historietas por semana, todas diferentes. No digo todas excelentes, pero sí todas buenas para arriba, con una facilidad para escribir monstruosa.
- ¿Cómo se está recibiendo el libro?
- Sé que se está vendiendo muy bien pero no sé quién lo está comprando. Creo que tiene una doble vertiente de lectores. Por un lado, los fanáticos que conocen a Robin Wood y aman los comics de Columba. Y por otro quienes compran biografías, porque se van a encontrar con un libro que en su diseño es muy impactante, cuando lo lees te hace pensar en una historieta de acción.
- ¿Qué significó Columba para la cultura popular argentina?
- Columba es un fenómeno como podía haber sido el del manga. En los 70, entre sus cuatro títulos, vendían más de dos millones de ejemplares por mes. Una locura. Y pensá que cada ejemplar de Columba tenía un mínimo de seis lectores, eran -como dice Robin- las revistas peronistas, las revistas populares que se compartían. Todos leyeron alguna vez una historieta de Columba, quizás no todos lo reconocen o lo dicen con orgullo, pero las revistas fueron muy importantes. Después se anquilosaron, tomaron malas decisiones. Es que los padres eran unos genios pero los hijos no supieron qué hacer. Pensá que Columba llegó a tener bosques para hacer su propio papel, tenía imprenta, un sistema de distribución propio, no dependía de nadie… Pero alquilaban las oficinas. Eran muy raras las ideas que tenía esta gente.
- ¿El libro es también un acto de amor hacia Robin Wood?
- Totalmente. En 2000 pensé “qué grosso es ese tipo, cómo me gustaría escribir su historia”. A medida que lo fui haciendo traté de volcar ese sentimiento de pasión hacia el pibe pobre que triunfó gracias a la cultura y que a mí me cautivó. Esa emoción es la que quise transmitir en el libro y creo que está y por eso a la gente le está gustando.